.
A veces me miro al espejo y me pregunto: ¿Y tú? ¿Quién carajo eres? Parece mentira como pasa el tiempo. Hace diez años se terminó una etapa de mi vida, y ahora se acaba otra. En diciembre diré simbólicamente adiós a un sueño de juventud, y nunca mejor dicho. Aunque lo cierto, es que hace ya años, lo dejé físicamente. Las preguntas son muchas: ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Qué circunstancias han dado esta situación?
Para la primera pregunta, la respuesta sería: El tiempo pasa. Las decepciones, los años,
Años pasados, como la nada al vacío,
A veces,
Tristes al recuerdo, melancólicos de momentos mejores
Auspiciados por instantes pasados.
Nunca, (o casi nunca)
Fotografías grisacias con familia feliz –curiosa palabra-,
Ropajes desgastados por el tiempo. Sonrisas en sepia.
Recuerdos entre la niebla del tiempo y el olvido.
La segunda pregunta me apetece aún más complicada,
La muerte
Segadora de tú palabra,
Anochecer de mi ilusión,
Como único faro en la tormenta,
Tu mirada en mi recuerdo.
La mentira,
Brava arma arrojadiza,
Destructora de esperanzas.
La codicia –ajena y propia-,
Amargura de las palabras derramadas,
Pan de cada día, en estradados y púlpitos.
Mi muerte -¿Mi vida?
>>’<
jueves, octubre 27, 2005
viernes, octubre 21, 2005
lunes, octubre 10, 2005
Ella
A veces cruzo la mirada con la compañera que tengo enfrente mía, en el trabajo. Sus ojos son marrones, muy tristes. A veces parece alegre, pero su mirada al infinito la delata. Cuando reúno valor intento torpemente acercarme a ella, para preguntarle como está, como lo esta pasando, y darle ánimo y aliento. Pero algo me detiene, quizás son esos ojos, tan melancólicos. Me gustaría decirle cosas tan típicas y frías, como qué la vida sigue, que él siempre estará en su corazón, que tiene a su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, nosotros. Pero me callo, y ni digo nada.
miércoles, octubre 05, 2005
En un mundo paralelo
Hola, son las 15 horas y 38 minutos del miércoles cinco de octubre de dos mil cinco. Aún estoy en el trabajo, de hecho todavía me quedan dos horas y veinte minutos, en estos instantes. Se preguntarán porqué no estoy trabajando y levantando el país, en vez de perder el tiempo con éste escrito. Me lo tomo como un descanso, aprovechando los minutos muertos, entre contenedor y contenedor. Hoy de momento ya he vaciado varios contenedores en el puerto, y entregado otras tantas partidas a diversos clientes de la geografía española. Bilbao, Alicante, El Prat, Cáceres, y solo estoy a mitad de día, tirando al final. En un mundo paralelo, donde uno es lo que desea ser, si es que alguien lo sabe, probablemente trabajo en un instituto como profesor, de Historia, por ejemplo, aguantado mamarrachos estúpidos, y todavía con el biberón de su papas en la cabeza, o también podría haber sido informático, y aguantar a jefes parecidos de los que aguanto ahora, revisando código, y haciendo más horas que un reloj. No, ya sé lo que sería, no sé si existe éste trabajo, pero ahora mismo creo que es el que más se asemeja al trabajo soñado. Sería en medio del bosque, quizás en el pirineo aragonés, en el parque de Ordesa–Broto, como guarda, realizando largas caminatas, arropado por las estrellas, en las frías noches de las montañas. Pero sigo aquí, moviendo cartones, bidones y pallets, aguantando a los transportistas, y sobre todo soportando a los malditos agentes chinos y indios, que siempre me envían la documentación tarde, y cuando me llega, si es que me llega, con esa increíble hedor a no sé qué, y con todo para rectificar. En fin. Que hay seguimos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
