Hace apenas un mes que celebré en mi más cerrada intimidad, la entrada en el mundo de la mascaras, el paraíso de los sofistas, sin llegar nunca a convertirme del todo en uno. Diez años se dice rápido. Durante este tiempo han pasado mil anécdotas, 100 mentiras y cintas magnetofónicas. Aparatos que tendríamos que haber utilizado como cuadernos de bitácora para constatar que la historia se repite, y que aún seguimos cayendo, una y otra vez, sobre la misma piedra. Llámese Rafael de Barcelona , como Jorge de Moscú, ese dichoso obstáculo en el camino. Y es que uno intenta combatir la ceguera que nos impone este mundo postmoderno, con manuales de supervivencia y consejos de viejos sabios, olvidando que aunque la razón de uno no tenga que residir, por fuerza, en un su esfuerzo, si que es verdad que la mejor manera de decir, es hacer. Por lo cual deberíamos emplazarnos todos, el intento de sofista incluido, en volver a crear ese fantasma que hace tiempo que no recorre Europa y el mundo, y que tanta falta nos hace.
lunes, julio 11, 2005
Volviendo la vista atrás
Hace apenas un mes que celebré en mi más cerrada intimidad, la entrada en el mundo de la mascaras, el paraíso de los sofistas, sin llegar nunca a convertirme del todo en uno. Diez años se dice rápido. Durante este tiempo han pasado mil anécdotas, 100 mentiras y cintas magnetofónicas. Aparatos que tendríamos que haber utilizado como cuadernos de bitácora para constatar que la historia se repite, y que aún seguimos cayendo, una y otra vez, sobre la misma piedra. Llámese Rafael de Barcelona , como Jorge de Moscú, ese dichoso obstáculo en el camino. Y es que uno intenta combatir la ceguera que nos impone este mundo postmoderno, con manuales de supervivencia y consejos de viejos sabios, olvidando que aunque la razón de uno no tenga que residir, por fuerza, en un su esfuerzo, si que es verdad que la mejor manera de decir, es hacer. Por lo cual deberíamos emplazarnos todos, el intento de sofista incluido, en volver a crear ese fantasma que hace tiempo que no recorre Europa y el mundo, y que tanta falta nos hace.
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2 comentarios:
No crees que tendríamos que acabar con el postmodernismo y su "no podemos cambiar nada porque es imposible y no sirve de nada". El postmodernismo ya ha hecho su trabajo lisérgico y tal vez le toque jubilarse de una vez. Un saludo.
Evidentemente que hay que acabar con el postmodernismo. En eso estamos compañero.
Un saludo también.
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