A veces cruzo la mirada con la compañera que tengo enfrente mía, en el trabajo. Sus ojos son marrones, muy tristes. A veces parece alegre, pero su mirada al infinito la delata. Cuando reúno valor intento torpemente acercarme a ella, para preguntarle como está, como lo esta pasando, y darle ánimo y aliento. Pero algo me detiene, quizás son esos ojos, tan melancólicos. Me gustaría decirle cosas tan típicas y frías, como qué la vida sigue, que él siempre estará en su corazón, que tiene a su familia, sus amigos, sus compañeros de trabajo, nosotros. Pero me callo, y ni digo nada.
1 comentario:
¿Y éste de donde ha salido?
Publicar un comentario