jueves, noviembre 09, 2006

Mi ideal

" Cada mañana, entre el humo y el olor a aceite del barrio obrero, la sirena de la fábrica mugía y temblaba. Y de las casuchas grises salían apresuradamente, como cucarachas asustadas, gentes hoscas, con el cansancio todavía en los músculos. En el aire frío del amanecer, iban por las callejuelas sin pavimentar hacia la lata jaula de piedra que, serena e indiferente, los esperaba con sus innumerables ojos, cuadrados y viscosos. Se oía el chapoteo de los pasos en el fango. Las exclmaciones roncas de las voces dormidas se encontraban unas con otra: injurias soeces desgarraban el aire. Había también otros sonidos: el ruido sordo de las máquinas, el silbido del vapor. Sombrías y adustas, las altas chimeneras negras se perfilaban, dominando el barrio como gruesas columnas.

Por la tarde, cuando el sol se ponía y sus rayos rojos brillaban en los cristales de las casas, la fábrica vomitaba de sus entrañas de piedra la escoria humana, y los obreros, los rostros negros de humo, brillantes sus dientes de hambrientos, se esparcían nuevamente por las callaes, dejando en el aire exhalaciones húmedas de la grasa de las máquinas. Ahora, las voces eran animadas e incluso alegres: su trabajo de forzados había concluido por aquel día, la cena y el reposo los esperaban en casa.

La fábrica había devorado su jornada: lás máquinas habían seccionado en los músculos de los hombres toda la fuerza que necesitaban. El día había pasado sin dejar huella: cada hombre había dado un paso más hacia su tumba, pero la dulzura del reposo se aproximaba, con el placer de la taberna llena de humo, y cada hombre estaba contento"

"La Madre", 1906 ,Máximo Gorki


Hace años, mi madre, me recomendó que leyese un libro viejo que teniamos en casa, que había sido de mi tía, en su época que había vivido en Barcelona. Ese libro viejo, de tapa clásica, era "La Madre" de Gorki. Aquí os he dejado los tres primeros párrafos de una obra universal.

Aún me estremezco cuando lo leo, poco a poco, disfrutándolo, viviéndolo, sintiendo como , poco a poco, me introduzco en él. La miseria de la clase obrera de principio del siglo XX en Rusia. El hambre y la desesperación. Pero también la lucha y la toma de conciencia. Conciencia que, gracias a éste libro, y a vivencias, experiencias, fueron forjando en mi el ideal que siempre va conmigo.

Ideal que no es de ahora, que viene de muy atrás, y va aún más allá.

El cuadro es: "El hombre en una encrucijada", Diego Rivera, México, 1934

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