miércoles, junio 22, 2005

Crónica de un infierno de calor en Lorca Rock City (I)


Los primeros pasos hacia el infierno de la calor y el metal

Hola. Aquí me tenéis otra vez después de haber vuelto de tierras murcianas, con cierta decepción, quizás me esperaba mucho de un festival que tenía poco que ofrecer. Exceptuando a la dama de hierro que cumplió como una auténtica reina. El viaje hasta allí fue agotador, siete horas en coche, saliendo de Barna a las cuatro de la mañana, para llegar a las once. Encontrarnos con una zona de acampada, que parecía más un campo de minas, con cristales en el suelo. Más tarde, nos pusimos a buscar alojamiento, y todo lleno, aunque esto último era totalmente normal. A las doce, cuando se supone que abrían las puertas, allí estuvimos religiosamente. Aguantando una calor de mil infiernos, y nunca mejor dicho, durante casi dos horas. Lo más jodido de todo, que mientras estábamos en la cola empezó a sonar el primer grupo, Legen Beltza. Evidentemente, no opinaré sobre ellos, por qué no los ví.

Al final entramos sobre las dos de la tarde. El segundo grupo ya estaba tocando, los Dragon Force. Casi todo el recinto estaba al aire libre, con el correspondiente peligro de insolación y lipotimia. Nos instalamos debajo de los toldos de los chiringitos. Allí aguantamos durante un rato. Hasta que no aguantamos más, y nos nutrimos de unas birras. Empezamos a fenecer por la calor. La gente ya no sabía que hacer, no había ni un puñetero grifo de agua en todo el recinto. Después tocaron los Angra, tenía muchas ganas de verlos, había escuchando que estaban muy bien. Bueno, pues resulta que habían pasado cuarenta minutos y aún no habían empezado. Y tachan!! Después de todo, salen al escenario, tocan cuatro canciones, el micrófono no les funciona, y fuera. La organización decide que han agotado su tiempo, y a la calle. Y se lo estaban currando, en fin, sin palabras. A pesar de todos los problemas técnicos que sufrieron, os los recomiendo. Muy buenos. Heavy Metal de la vieja escuela.

viernes, junio 10, 2005

Un día cualquiera


¿Qué hay de nuevo viejo?

Ojos semi-cerrados, inyectados en sangre, después de haber pasado una noche de insomnio, humedad y ruido. Decenas de cajas esparcidas por el suelo de la oficina. La semana que viene comienza el traslado. Se pone fin a una época. Se acabó el 110, esa línea segundona, tras el ovejero 109. Que cada día cogía a las siete y cincuenta de la mañana. Hasta que, claro, me compré el coche. Ahora seguiré utilizando éste último, y esporádicamente otro ovejero, el 79. Por fin se acaba la semana, una semana espesa, soporífera, llena de mediocridad y desasosiego.

Al menos una buena noticia, los paletas están apunto de acabar el baño de Barberá. Después de un largo, largo mes. Una buena noticia, sí señor. El autor les recomienda no meterse en obras. Si no hay más remedio, tendrán que dirigirse a la farmacia más cercana para comprar Valeriana para dormir. O cualquier substancia psicotrópica que puedan conseguir, y que les ayude a relajarse. Y lo más importante, tener ahorrado el doble de lo que le presupueste el susodicho paleta.

Menos mal que de aquí a menos de diez días me voy para Lorca. Para sumenistrarme un buen chute de Rock. Ha habido cambio en el cartel, los Running Wild ya no vienen, en sustitución vienen los brasileños Angra. A ver que tal. En cualquier caso, los más importantes siguen ahí. Iron Maiden y Stryper, los Dream Theater y los Lacuna Coil no los conocía, últimamente los estoy escuchando, no están mal, aunque prefiero a los viejetes de IM y S.

De momento esto es todo por hoy. ¡Ah! Se me olvidaba, el autor no estará este fin de semana. Cualquier pregunta, queja, etc tendrá que ser para el Lunes.

martes, junio 07, 2005

Un oasis en el desierto




Como habéis podido observar en estas últimas semanas no he escrito nada. No he estado para nada inspirado, más bien me he dejado llevar por la monotonía, con apenas unos leves y breves oasis, en el desierto de lo cotidiano. Uno de ellos fue el viernes de hace dos semanas.

Quedé con mi querida y cada vez menos desconocida tata. Concretamente ella, su compañero de sueños, mi compañera -también- de sueños y yo. Quedamos en el barrio de Gracia, que por cierto hacía casi dos milenios que no visitaba, desde que me embutía a empanadas gallegas y licores varios, en ciertas fiestas que no vienen al caso. La cuestión es que primero fuimos a un bar-restaurante argentino. En susodicho antro - con sofá cogido de la calle, okupa y perro incluido- nos inchamos a empanadas.

Más tarde y según teniamos convenido los cuatro, nos dirigimos hacia el cine Verdi. Allí divisamos el cartel de una película, para nada conocida por mi parte, sino fuese por que en ella aparecía Tim Robbins. Y no por que sea un fan de esta actor de tierras yankis, sino más bien por ser el único conocido. Al turrón. Que entramos a verla.

Cien minutos después solo os puedo decir una cosa sobre ella: Genial. Ni de lejos me considero crítico de cine, lo que sí os puedo decir que me gustó mucho, sobre todo una chiquita llamada Samantha Morton, que aparte de preciosa, hace un papelón. Y la fotografía, si váis a verla, fijaos sobre todo en las escenas grabadas en la discoteca de Shanghai. Como último colofón, el pseudo-idioma inventado para la película. Una mezcla entre inglés-español-francés-italiano-no sé cuales eran los otros. Nada. Que si tenéis la oportunidad vayáis a verla.

Escuchando: Las impresoras de mi p. empresa.

Posted by Hello