Como habéis podido observar en estas últimas semanas no he escrito nada. No he estado para nada inspirado, más bien me he dejado llevar por la monotonía, con apenas unos leves y breves oasis, en el desierto de lo cotidiano. Uno de ellos fue el viernes de hace dos semanas.
Quedé con mi querida y cada vez menos desconocida tata. Concretamente ella, su compañero de sueños, mi compañera -también- de sueños y yo. Quedamos en el barrio de Gracia, que por cierto hacía casi dos milenios que no visitaba, desde que me embutía a empanadas gallegas y licores varios, en ciertas fiestas que no vienen al caso. La cuestión es que primero fuimos a un bar-restaurante argentino. En susodicho antro - con sofá cogido de la calle, okupa y perro incluido- nos inchamos a empanadas.
Más tarde y según teniamos convenido los cuatro, nos dirigimos hacia el cine Verdi. Allí divisamos el cartel de una película, para nada conocida por mi parte, sino fuese por que en ella aparecía Tim Robbins. Y no por que sea un fan de esta actor de tierras yankis, sino más bien por ser el único conocido. Al turrón. Que entramos a verla.
Cien minutos después solo os puedo decir una cosa sobre ella: Genial. Ni de lejos me considero crítico de cine, lo que sí os puedo decir que me gustó mucho, sobre todo una chiquita llamada Samantha Morton, que aparte de preciosa, hace un papelón. Y la fotografía, si váis a verla, fijaos sobre todo en las escenas grabadas en la discoteca de Shanghai. Como último colofón, el pseudo-idioma inventado para la película. Una mezcla entre inglés-español-francés-italiano-no sé cuales eran los otros. Nada. Que si tenéis la oportunidad vayáis a verla.
Escuchando: Las impresoras de mi p. empresa.

Quedé con mi querida y cada vez menos desconocida tata. Concretamente ella, su compañero de sueños, mi compañera -también- de sueños y yo. Quedamos en el barrio de Gracia, que por cierto hacía casi dos milenios que no visitaba, desde que me embutía a empanadas gallegas y licores varios, en ciertas fiestas que no vienen al caso. La cuestión es que primero fuimos a un bar-restaurante argentino. En susodicho antro - con sofá cogido de la calle, okupa y perro incluido- nos inchamos a empanadas.
Más tarde y según teniamos convenido los cuatro, nos dirigimos hacia el cine Verdi. Allí divisamos el cartel de una película, para nada conocida por mi parte, sino fuese por que en ella aparecía Tim Robbins. Y no por que sea un fan de esta actor de tierras yankis, sino más bien por ser el único conocido. Al turrón. Que entramos a verla.
Cien minutos después solo os puedo decir una cosa sobre ella: Genial. Ni de lejos me considero crítico de cine, lo que sí os puedo decir que me gustó mucho, sobre todo una chiquita llamada Samantha Morton, que aparte de preciosa, hace un papelón. Y la fotografía, si váis a verla, fijaos sobre todo en las escenas grabadas en la discoteca de Shanghai. Como último colofón, el pseudo-idioma inventado para la película. Una mezcla entre inglés-español-francés-italiano-no sé cuales eran los otros. Nada. Que si tenéis la oportunidad vayáis a verla.
Escuchando: Las impresoras de mi p. empresa.


3 comentarios:
No vine a cuento poer... te vas al Lorca Rock?
Te recuerdo que esa es mi tierra!
Sí. Pero tio, ¿Quien eres?
ays, esa puñetera que es la inspiración... ha vuelto, pues?
yum, me pongo la peli ahora a bajar...
q buen gusto tiene usted, la melodía de las impresaras del currele! :p
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